Cuentan de un sabio, que un día
tan pobre y mísero estaba
que sólo se sustentaba
de unas yerbas que cogía.
¿Habra otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?
Y cuando el rostro volvió,
halló la respuesta, viendo
que iba otro sabio cogiendo
las hojas que él arrojó.
Calderón de la Barca
sábado 18 de abril de 2009
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